¿PUEDO VENIR CONTIGO?: SURAT THANI

Perros por todas partes.
Ciudad bullicio.
 Perros callejeros. Caseros. Grandes. Pequeños.
No están acostumbrados a ver a alguien descalzo. Una cucaracha me trepa unos segundos por el pie. Entiendo que lo vean raro. Qué repelús.
 Los perros tampoco están acostumbrados y me ladran. Me ladran todos.
Los callejeros. Los caseros. Los grandes. Los pequeños. No me atrevo a invadir su espacio. Cambio el camino pese a que dé más vuelta.

Sorteo ranas para no pisarlas. Me encanta observar lo inmóviles que se quedan. Ellas también se han adaptado a la noche.
Me siento como un camaleón.
La noche es cerrada. Las luces de esta ciudad son naranjas. Y solo se oyen cadenas de ladridos de perros que se contagian unos a otros.

Entre islas, playas, junglas y gente bonita se me ha pasado el tiempo a zancadas y por momentos he olvidado mis obligaciones. La lista mental de «quéhaceres» me invade la cabeza.
El hostel en el que ayer aterricé es moderno. Tranquilo. Barato. Se reúnen bastantes locales. Puede ser un buen lugar para pasar un par de noches y ordenarme un poco la vida.

Desayuno en la terraza y conozco a Koi.
Es un joven indonesio que anda dando vueltas por el mundo. Me habla de su vida en Bali. Se interesa por mi plan: Me voy a Bangkok haciendo autostop.
No me toma enserio. Se ríe. ¿En serio? ¿Puedo ir contigo?
Pues claro.

Los dueños del hotel son tan jóvenes como amables. A las seis de la mañana entran en la habitación para despertar a los alemanes no vayan a perder el vuelo. ¡Que ayer bebisteis mucho! Les replica encendiendo la luz del dormitorio.
No puedo enfadarme. Ojalá se preocupasen así por mi vuelo si estuviese yo en la situación. Me ofrecen cerveza y comida todo el rato. Quieren hacerme sentir en casa.
Llega el momento de irnos. ¿Dónde estará Koi?
Pues esperándote niña, creía que te habías ido sin mí.
Los chicos nos han pintado un cartón con «Bangkok» en tailandés.
Mil gracias.

¿Tenemos que caminar mucho? Me pregunta.
La verdad, salir de la ciudad es lo más difícil. Pero hace mucho calor. Y yo no quiero caminar.
Empezaremos desde aquí mismo, le digo. Se echa a reír otra vez.
Dicho y hecho. Para la primera pick up, que aunque tan sólo va por el interior de la ciudad, nos deja en la principal.
Llega lo difícil. Conseguir un coche para salir de aquí esquivando tuktuks. Nunca había visto una concentración tan alta de estos bichos. Ni en Bangkok.
Se me hace imposible levantar el brazo sin que aparezcan por detrás de cualquier esquina unos cuántos y paren con una sonrisa. No, thank you…

(Surat Thani, Puerto del Golfo de Tailandia, 23 de abril al 25 de abril 2019)

Deja un comentario