Llego en autostop una hora antes de lo previsto al puerto.
Zumo de sandía y ukelele.
Veo a Sara. La conozco a bordo. Es una joven holandesa con la que pasó el primer día.
Ko Pha Ngan.
Hostels mochileros que siempre alquilan motos.
Precios desorbitados hasta en los supermercados.
Caminos empinados entre la jungla.
Un columpio en la playa.
Playas turistas llenas de chiringuitos.

«Cascadas» por todas partes.
Decían que se habían adelantado la temporada de lluvias. Pero no llueve.
Las cascadas lo confirman.
Alquilo una moto cinco días. Quiero descubrir cada rincón de esta isla.
Poco a poco revela sus dos facetas.
Tiene fiesta. Mucha fiesta.
Toda cuanta quieras. Pero no la que quieras.
La fiesta es electrónica. De vodka. De turistas.
Tiene naturaleza, paz y magia.
Tiene mucha gente y muy bonita. Muy pura.
Aquí me he reencontrado con Massi. Que venía con su amigo de la infancia, Chicho. También recorremos la isla en moto. Me presentan a las chilenas.
Sofía es una profesora de historia con la que comparto conversaciones de lo más interesantes.
Compartimos autores. Nos recomendamos libros. He empezado ya uno de ellos. Bailamos bajo la luna llena en todos los escenarios.
Nos confiamos secretitos en la moto de madrugada.
Buscamos sus zapatos por la playa.

La noche de la full moon empezó con mucha gente.
Entre ella aparecieron los brasileños.
Qué corazones más especiales.
Pero les pierdo.
Entonces les encuentro.
Dulce casualidad.
– Te estábamos buscando.
Cuando viajas el amor es completamente dispar y disperso.
Siempre partes de la idea de que alguno de los dos, en breve, va a irse. Puedes ser tú, o él, pero viene predispuesto.
Quizás mañana. Quizás en cuatro días. O en dos semanas. Pero sabes que acabará.
Y que vendrá otro.
Aunque hay algunos que enganchan más que otros.
Algunos que te tocan un poquito más adentro.
En fin, que sí. Que Los hay que calan más, los hay más pasionales. Depende de la cultura son de uno u otro modo, y si hay algo claro, es que encuentro en el camino viajeros de todas las nacionalidades, culturas y religiones.
Somos muchos libres en el mundo.
Hay veces que no sé porqué pero quiero alargar el tiempo. El presente. El instante. Y, ¡joder! Eso es imposible.
Hay veces que el tiempo hace que tal como llegan se vayan. Todo tan natural. Tan puro. Tan sincero.
Todos sabemos dónde estamos. Dónde está el otro.
Y simplemente jugamos. Sentimos todo y nada en un instante.
Nos queremos. Nos llenamos la boca con la palabra amor.
Es real. Es amor.
Fugaz. Instantáneo. Magnificado. Puro. Intenso. Eficiente. Pasional.

Y Cuando todo pasa. Cuando estoy sola. En la cama. Conmigo misma. Y pienso. Algunos se recuerdan más que otros. De algunos llegan miradas. Sonrisas. Ganas. De otros simples recuerdos.
Felices.
Y de amor.
Siempre.
Y no sé porque hago muchas cosas.
Sé el porqué de otras muchas. Es la vida.
Es el ahora.
El vello erizado.
Mucho calor a fuera. En la cama con él y el aire acondicionado.
Acaricia mi pelo.
Cafuné.
Quizás algún día. Me dice la mente.
Quizás otra vez.
Quizás no.
Para de pensar.
Céntrate en este olor. En su olor.
En el de su pulsera. Y grábalo bien. – Me dice algo por ahí.
El camino en moto. Viéndole por el retrovisor.
Siempre con una sonrisa.
El camino siendo su copiloto.
Mordiendo la espalda.
Sintiendo su energía.
Caminamos por un camino entre la jungla.
No parece llegar a ningún sitio pero confían en mí. Tras muchas misiones fallidas. No sé si valgo como guía.
Saltamos entre piedras, troncos y alambres de espino.
Siempre tan atento.
Intentan hacer caer un coco.
Hay cerdos, vacas y gallinas.
Por ahí tampoco es.
Llegamos a varias playas. Cervezas. Fotos. Risas. Un columpio hecho con una pelota. A ras de mar. Y me empujan con fuerza. Y vuelo. Y vuelo.
Vodka con red bull jugando a ‘los temas’.
Siempre gano. O van muy borrachos o estoy en racha.
Waterfall party. Fuego. Agua. Alcohol.
Y una historia de amor.
Y aquí está. Mirándome dormir. Atándome un recuerdo de su esencia.
Gracias bonito.
En el hostel me reencuentro con Eli. Hablamos.
Nos bañamos en playas desiertas. Limpiamos nuestras almas. La brisas de esta costa nos ha ayudado a despedirnos desde el cariño.

Koh Panghan me ha dado amor, risas, diversión y mucha paz.
No puedo estar más agradecida.
Me despide nuestra pequeña playa.
Subo al barco, me esperan seis horas de disfrutar del camino y un hermoso púrpura atardecer.
Me engancho al libro y me vuelan las horas. Ceno unos noodles instantáneos. Un par de cafés y coso el pantalón que llevo puesto. Llegamos a Surat Thani. Vuelta a tierra.
(Koh Pha Ngan, Golfo de Tailandia, dl 17 de abril al 23 de abril 2019)