No puedo cerrar la boca. ¡Qué paraíso!
La barca va directa a la arena.
No hay camino para poder llegar a la playa de Tonsái. Nos reciben de fondo unas grandes montañas. Son todo chorreras.
Tiene mucho verde. Los tonos del atardecer combinan a la perfección en todos y cada uno de los tonos.
Pongo un pie en el agua y quiero llorar. Es la primera vez que quiero llorar de belleza.
La temperatura del mar me acompaña en esta placentera experiencia.
Maks me lanza la misma mirada y rompemos en una sonrisa.
Al final de las montañas empieza la playa, custodiada por centenares de palmeras. ¿En cuáles colgaremos las hamacas?

La arena es gruesa. Tiene muchos trozos de conchas y caracolas. Hay monos por todo. Monos. Pájaros y escaladores.
Este es el paraíso para escalar, hay vías por todos lados, chapas y gente colgada. El sol está cayendo y nos introduce en una estampa que jamás olvidaremos.
Tenemos que encontrar a Eli, pero ni ella ni nosotros tenemos internet. Bueno, esto ni debe de ser muy grande.
Un camino entre palmeras nos lleva a una pequeña calle, que tan sólo se junta con otra que le corta, perpendicular. Esto es todo, ni puede ser muy difícil.
Tomamos la paralela al mar y empezamos a entrar en los hostels preguntando a todos los recepcionistas.
Paramos en uno de ellos a beber un zumo de sandía. Conectamos el wifi, Eli está a dos cientos metros.
Llegamos al pequeño bungalow que ha alquilado. Es muy tranquilo. Lo primero que hago es colgar la hamaca.
Conozco al primer mallorquín en mi viaje. Cenamos todos juntos, y entre muchos mosquitos me voy a dormir. Macks estará tan sólo dos días con nosotras.

Eli esta todo el día con Ton. Está en un momento en el que necesita alimentarse de nuevas cosas.
Aprovecho para salir de excursión por la jungla. Es espectacular.
Hay bichos de todo tipo, algunos no los conozco. Hay escorpiones, arañas y lagartijas.
La humedad me cala la piel mientras descubro diferentes rayos de sol tras las lianas.
El paseo no dura más de tres cuartos de hora. Me escupe en una femenina roca que me recuerda que la madre naturaleza es mujer.
Railay beach es preciosa. Parece haber salido de una película, pero la cantidad de turistas que hay me hace quedarme en el corazoncito a Tonsái.
La arena es mucho más fina pero la orilla está llena de barcos esperando a clientes y no me permiten pasear por ella.

Lo mejor será volver a Tonsái.
Para ello hay un camino más corto pero menos interesante por las rocas. En diez minutos me planto en casa.
Vuelvo al Rasta bar a practicar un poco más el slakcline y mi tailandés.
El hombre que siempre está allí me va enseñando nuevas palabras.
Por primera vez cruzo toda la cuerda sin caer; creo que es un vivo reflejo de mi alma en estos instantes.
Me siento en mí misma. Más real que nunca. Más concentrada en mí que nunca. Más yo que nada.
Los vecinos del bugalow son muy simpáticos. Madrugan para escalar cada día y a la noche compartimos guitarra y ukeleles.
Cada mañana bajo a la playa media hora hasta que el sol me devuelve a casa, hay horas en la que ni hay ni una sombra en esta playa.
Escribo. Aprendo música. Respiro aire puro.
Los atardeceres también son inspiradores. Intento ni perderme ni uno.

En el baño siempre hay ranas, las saco al sol y se quedan inmóviles por horas. Lavamos la ropa a mano. Charlamos sobre la vida, la energía de la jungla nos hace llevar nuestros cerebros a altos Estados de cuestión.
A veces caen cocos, y crear un tremendo estruendo. Siempre pienso en si le cayese a alguien encima. Eli lo piensa mucho más que yo.
Hago muchas fotos, en a playa, en la jungla, en las rocas.
Tonsái es paz. Es amor. Es buena energía. Pero una semana es suficiente.
Además en dos días se me caduca el visado. Un mes en Tailandia.
Ha pasado muy rápido.
Tengo la sensación del todo y a la nada a su vez.
Cogemos un barco hacia Ao Nang, y entre asimilar la vuelta a la realidad nos dan las seis.

Empezar a hacer autostop dentro de una ciudad siempre es más difícil. Los coches van hacia cualquier lado y hacen trayectos cortos, por lo que nos suelen parar.
Pero difícil ni quiere decir imposible. Tan sólo requiere poco más de paciencia.
(Tonsái beach, provincia de Krabi, Tailandia. Del 15 al 21 de marzo 2019)