Nos coge el primer coche. Es una mujer, nos puede llevar hasta el aeropuerto de Krabi.
Eso es perfecto. Está al lado del autopista general a la que debemos ir para emprender camino al sur.
Llegamos ya con la noche.
Se presenta divertida.
La siguiente camioneta nos hace un recorrido corto pero válido, el problema parece ser la zona en la que nos ha dejado.
Se hace difícil encontrar el siguiente vehículo, pero entre canciones amenizamos la espera.
Otra camioneta nos lleva un tramo más.
Vamos en la parte trasera. Se pone a llover.
Nos da por reír, ¿qué más vamos a hacer? Es de noche, estamos a la intemperie y llueve.
Siguiente parada. Compramos unos café y unos plátanos para recargar.
Conocemos a una mujer que se preocupa por nuestra ruta. Tiene un restaurante y nos cuenta que en dos minutos todo el barrio se ha enterado de que estábamos ahí. Que la información ha corrido por las calles como la pólvora y quiere ayudarnos.
Espera media hora con nosotras en la calle.
Son las once y media.
Practico con ella un ratito el tailandés.
Nos ofrece cama y ducha para seguir mañana.
Eli quiere parar.
Yo no.
Diez minutos más y si no para nadie vamos a su casa. Le propongo.
Para un camión.
Los camiones van muy lentos pero hacen tramos muy largos.
Si los coges de noche suelen ofrecerte dormir en la parte que tienen para ello. Son los dueños de la noche. Y nunca van mal.
Subimos. Son dos. No entienden nada de inglés. Llaman a alguien para que podamos comunicarnos con ellos. Tampoco nos entendemos.
«No os preocupéis, yo tengo el mapa abierto, cuando os desviéis de nuestra ruta os aviso y paramos.»
Nada. No entienden nada.
Llegamos a un punto en medio de la carretera. Entiendo que dicen que ellos giran y nosotras queremos ir hacia la 4, que es recto.
De acuerdo.
Les agradecemos el trayecto y les despedimos.
Pero no giran. Siguen rectos. Iban hacia la 4…
¿Y qué hacemos aquí en medio?
Bueno. Tenemos una bifurcación por lo que doblamos las posibilidades de que puedan acogernos.
Pero ¿Quién? Si por aquí no pasa nadie…
Los habitantes de las casitas de los alrededores salen a vernos.
¿Quiénes sois?
No lo tenemos muy claro… dos españolas locas que quieren llegar a Malasia.
Se ríen. Nos dan las buenas noches.
Pasa un rato y aparecen unas luces al fondo.
¡Alguien!
Joder. Un tuk tuk. ¿En serio?
Para. Habrá que explicarle que no.
Que sólo hacemos autostop.
Son una pareja. El tuk tuk es de alto estanding.
Es rojo con amplios asientos de cuero blanco.
Subir.
Pero no tenemos dinero.
No importa. Vivo en la frontera de Malasia.
Voy para casa. Poneros cómodas.
Podéis tocar, leer, fumar, dormir.
Lo que os apetezca. Llegaremos en cinco horas.
Si queréis ir al baño tan sólo tocar en la cabina.

No me lo puedo creer.
Menuda triunfada.
Así lo hacemos.
Tocamos. Comemos. Dormimos.
Son las cuatro de la mañana.
Despertamos en la frontera con Malasia.
¡Conseguido!
El hombre quiere esperar hasta las ocho con nosotras a que abran la frontera.
No es necesario. Muchas gracias. Intentaremos dormir un poco entre ratoncitos.
A las cinco abren las puertas. ¿Se puede pasar?
Las primeras del día, sin colas ni esperas.
Entre los dos países hay un dutyfree. ¿Paramos?
Hemos planificado mal la batería y estamos sin móvil las dos. Sin Internet. Sin mapas. Sin información de Malasia. No sabemos cómo va la moneda local. No sabes el nombre de ninguna ciudad más que Kuala Lumpur.
Pues estamos apañadas.
Cambiamos dos cientos baths y nos dan 25 ringgits. Pues vale.
Compramos café y curasanes y nos sentamos en territorio de nadie a desayunar mientras sale el sol.
No dejan de parar policías a interesarte a ver que hacemos ahí.
Empezamos la historia y antes de acabarla se van riéndose de nosotras.
Ya ves tú.
Pasamos la frontera malasia.
Eli, y ahora ¿qué?
Para un coche sin que le hagamos las señas de parar.
¿A dónde vais?
No sé, no lo tenemos muy claro. ¿A dónde vas tú?
A desayunar a mi barrio, vivo en Alor Setar.
Claro. Alor Setar nos va bien. ¿Podemos ir contigo?
Adelante.
Se nos caen los ojos a las dos pero intentamos mantenernos frescas para hablar con este con este chico mientras llegamos a destino.
Eli no lo consigue. Se duerme en el asiento copiloto.
Me intereso por la vida del chico. Es un informador de la policía. Mejor no preguntar.
Llegamos a desayunar.
Nos invita. No sabemos que pedir.
¿Qué es esto? Me pregunta Eli. Ni idea. Tú pide al azar y prueba.
Cargo un poco el teléfono en el coche de este chico.
Nos deja en la carretera.
Hay una caseta con baños y duchas.
Aprovecho para refrescarse mientras Eli mira a ver qué hacemos.
Tocamos el ukelele. Nos estabilizamos del calor y la humedad.
Me dice que un amigo suyo llegará el unos días a una isla que se llama Penang.
Ya tenemos destino.

Hace muchísimo calor. El sudor me entra por los ojos. Pica.
El asfalto del autopista hace vibrar el ambiente.
Tenemos que cruzar. Parece una película.
Estamos en un tramo del autopista en el que los coches pasan muy rápido.
No sé si alguien querrá parar aquí.
A los cinco minutos para un coche.
Son padre e hija yendo a la universidad, no tengo muy claro dónde está pero sé que Georgetown no les queda de camino.
Al hombre no le importa. Le encanta Georgetown y quiere llevarnos hasta ahí.
Para acceder a la isla hay un puente de diez kilómetros por el que cruzamos con el coche.
Nos dejan en el centro de la ciudad.
Terima Kasih.
(Carretera 4, Sur de Tailandia y carretera 1, Norte de Malasia, 21 y 22 de marzo 2019)